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Hechos 8:36-38

Hechos 8:36-38
Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle.

Un funcionario etíope oye de Jesús en el camino, ve agua y pregunta qué impide que sea bautizado. Ese mismo día desciende al agua.

RV 1909

Hechos 8:36-38 en contexto

33En su humillación su juicio fué quitado: mas su generación, ¿quién la contará? porque es quitada de la tierra su vida. 34Y respondiendo el eunuco a Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí, o de otro alguno? 35Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. 36Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua; y dijo el eunuco: He aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. 38Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle. 39Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y no le vió más el eunuco, y se fué por su camino gozoso. 40Felipe empero se halló en Azoto: y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea.

Los primeros años de la iglesia, de Jerusalén a Roma, después de la resurrección de Jesús.

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1 Pedro 3:21
A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo:

Pedro relaciona el bautismo con el diluvio de Noé: el bautismo ahora nos salva, no quitando la suciedad del cuerpo, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios, por la resurrección de Jesucristo.

Salmos 51:10
Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí.

La oración de David tras su peor caída: crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.

Ezequiel 36:26
Y os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré corazón de carne.

Dios promete un corazón nuevo y un espíritu nuevo en lugar del corazón de piedra.