A la figura de la cual el bautismo que ahora corresponde nos salva (no quitando las inmundicias de la carne, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios,) por la resurrección de Jesucristo:
Pedro relaciona el bautismo con el diluvio de Noé: el bautismo ahora nos salva, no quitando la suciedad del cuerpo, sino como demanda de una buena conciencia delante de Dios, por la resurrección de Jesucristo.