Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al Señor.
Pablo prefería partir del cuerpo y estar presente con el Señor.
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo.
La muerte ha perdido su aguijón, porque Dios nos da la victoria por medio de Jesucristo.
RV 190952En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. 53Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. 54Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria. 55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. 57Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo. 58Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.
Pablo escribe a una iglesia dividida sobre la unidad, el amor y la resurrección.
Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al Señor.
Pablo prefería partir del cuerpo y estar presente con el Señor.
Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre.
El Señor es un pastor que provee, da descanso y restaura tu alma.
Estimada es en los ojos de Jehová la muerte de sus santos.
La muerte de los Suyos nunca es poca cosa para Dios: es de gran valor ante Sus ojos.
Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús.
Los cristianos también lloran, pero con esperanza: los que mueren en Jesús estarán con Él.