Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Dicho junto a una tumba: en Jesús, la muerte no es el final de la historia.
Por la resurrección, la muerte ha perdido su aguijón.
¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria?
Por la resurrección, la muerte ha perdido su aguijón.
RV 190952En un momento, en un abrir de ojo, a la final trompeta; porque será tocada la trompeta, y los muertos serán levantados sin corrupción, y nosotros seremos transformados. 53Porque es menester que esto corruptible sea vestido de incorrupción, y esto mortal sea vestido de inmortalidad. 54Y cuando esto corruptible fuere vestido de incorrupción, y esto mortal fuere vestido de inmortalidad, entonces se efectuará la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte con victoria. 55¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿dónde, oh sepulcro, tu victoria? 56Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y la potencia del pecado, la ley. 57Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo. 58Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es vano.
Pablo escribe a una iglesia dividida sobre la unidad, el amor y la resurrección.
Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Dicho junto a una tumba: en Jesús, la muerte no es el final de la historia.
No se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Jesús consuela a Sus amigos antes de partir: hay un lugar preparado para ti.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aun en el valle de sombra de muerte, no estás solo.
Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.
La promesa de un día sin lágrimas, sin muerte, sin llanto y sin dolor.
Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al Señor.
Estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor.