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Juan 11:25-26

Dicho junto a una tumba: en Jesús, la muerte no es el final de la historia.

Juan 11:25-26
Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

Dicho junto a una tumba: en Jesús, la muerte no es el final de la historia.

RV 1909

Juan 11:25-26 en contexto

22Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios. 23Dícele Jesús: Resucitará tu hermano. 24Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero. 25Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. 26Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. 28Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama. 29Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene a él.

Escrito por un amigo cercano de Jesús para que los lectores crean y tengan vida en Su nombre.

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Versículos relacionados

Salmos 34:18
Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salvará a los contritos de espíritu.

Dios no está lejos de un corazón quebrantado. Se acerca a él.

Mateo 5:4
Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.

Jesús llama bienaventurados a los que lloran, porque se les promete consolación.

Apocalipsis 21:4
Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.

La promesa de un día sin lágrimas, sin muerte, sin llanto y sin dolor.

Salmos 147:3
El sana a los quebrantados de corazón, y liga sus heridas.

Dios sana a los quebrantados de corazón y venda sus heridas, una por una.

2 Corintios 1:3-4
Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación, El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.

Dios nos consuela en toda tribulación, y ese consuelo un día podrá ayudar a otros.