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1 Pedro 2:24

1 Pedro 2:24
El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados.

Pedro aplica Isaías 53 a la cruz: Cristo llevó nuestros pecados, y por Su herida fuimos sanados, ante todo del pecado.

RV 1909

1 Pedro 2:24 en contexto

21Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: 22El cual no hizo pecado; ni fué hallado engaño en su boca: 23Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente: 24El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos a los pecados, vivamos a la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados. 25Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

Pedro escribe a cristianos dispersos que sufren, con una esperanza que permanece.

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Versículos relacionados

Jeremías 30:17
Mas yo haré venir sanidad para ti, y te sanaré de tus heridas, dice Jehová; porque Arrojada te llamaron, diciendo: Esta es Sión, a la que nadie busca.

Dicho a Sión cuando otros la llamaban la desechada a quien nadie busca: la promesa de Dios a Su pueblo de sanar sus heridas y restaurarlo.

Isaías 53:5
Mas él herido fué por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados: el castigo de nuestra paz sobre él; y por su llaga fuimos nosotros curados.

El siervo sufriente de Isaías, cumplido en Jesús: Sus heridas traen paz con Dios y sanidad desde la raíz, primero del pecado (1 Pedro 2:24), y al final de toda herida.

Malaquías 4:2
Mas a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salud: y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada.

Una de las últimas promesas de los profetas del Antiguo Testamento: un sol de justicia que nace, y en sus alas trae salud (3:20 en algunas Biblias católicas).

Salmos 30:2
Jehová Dios mío, a ti clamé, y me sanaste.

Una oración de gratitud después de sanar: clamé a Ti, y me sanaste.