Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Dicho junto a una tumba: en Jesús, la muerte no es el final de la historia.
Tiempo de nacer y tiempo de morir. Cada temporada está en las manos de Dios.
Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo: Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
Tiempo de nacer y tiempo de morir. Cada temporada está en las manos de Dios.
RV 19091Para todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo: 2Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3Tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5Tiempo de esparcir las piedras, y tiempo de allegar las piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de abrazar;
La reflexión honesta de un maestro sobre el tiempo, el trabajo y el sentido de la vida.
Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Dicho junto a una tumba: en Jesús, la muerte no es el final de la historia.
No se turbe vuestro corazón: creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, a preparar lugar para vosotros.
Jesús consuela a Sus amigos antes de partir: hay un lugar preparado para ti.
Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Aun en el valle de sombra de muerte, no estás solo.
Y limpiará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y la muerte no será más; y no habrá más llanto, ni clamor, ni dolor: porque las primeras cosas son pasadas.
La promesa de un día sin lágrimas, sin muerte, sin llanto y sin dolor.
Mas confiamos, y más quisiéramos partir del cuerpo, y estar presentes al Señor.
Estar ausente del cuerpo es estar presente con el Señor.