Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado a tu hermano.
Cuando alguien te ofende, ve primero a hablar a solas con esa persona. La meta es ganar a tu hermano, no la discusión.
La cordura del hombre detiene su furor; y su honra es disimular la ofensa.
La cordura detiene el enojo, y pasar por alto una ofensa es una forma de honra.
RV 19098El que posee entendimiento, ama su alma: el que guarda la inteligencia, hallará el bien. 9El testigo falso no quedará sin castigo; y el que habla mentiras, perecerá. 10No conviene al necio el deleite: ¡cuánto menos al siervo ser señor de los príncipes! 11La cordura del hombre detiene su furor; y su honra es disimular la ofensa. 12Como el bramido del cachorro de león es la ira del rey; y su favor como el rocío sobre la hierba. 13Dolor es para su padre el hijo necio; y gotera continua las contiendas de la mujer. 14La casa y las riquezas herencia son de los padres: mas de Jehová la mujer prudente.
Dichos breves de sabiduría práctica para la vida diaria, muchos atribuidos a Salomón.
Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y redargúyele entre ti y él solo: si te oyere, has ganado a tu hermano.
Cuando alguien te ofende, ve primero a hablar a solas con esa persona. La meta es ganar a tu hermano, no la discusión.
Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero: mas ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. También si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe.
El Predicador alaba la compañía: mejores son dos que uno, se levantan el uno al otro, y cordón de tres dobleces no presto se rompe. Muchas parejas ven a Dios en el tercer hilo.
Sobrellevad los unos las cargas de los otros; y cumplid así la ley de Cristo.
Llevar las cargas unos de otros es cumplir la ley de Cristo: las cargas se comparten, no se llevan a solas.
No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar a la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.
No tienes que vengarte. Dejar la justicia en manos de Dios es parte de perdonar.