Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro. Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.
Miras los montes y te preguntas de dónde vendrá el socorro. Viene del Señor, que los hizo.
El Salmo 121 es conocido como el salmo del viajero. Es uno de los cánticos graduales, que la tradición relaciona con los peregrinos que subían a Jerusalén, y sus ocho versículos breves hablan de Jehová que te guarda. Hoy se ora antes de un viaje, una mudanza o una despedida.
Salmo 121 · Reina-Valera 1909
1Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro.
2Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.
3No dará tu pie al resbaladero; ni se dormirá el que te guarda.
4He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.
5Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
6El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.
7Jehová te guardará de todo mal: él guardará tu alma.
8Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.
Alzaré mis ojos a los montes, de donde vendrá mi socorro. Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.
Miras los montes y te preguntas de dónde vendrá el socorro. Viene del Señor, que los hizo.
No dará tu pie al resbaladero; ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.
El que te guarda no se duerme, ni un momento, ni de día ni de noche.
Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.
El Señor es tu guardador y tu sombra, en el calor del día y en la oscuridad de la noche.
Jehová te guardará de todo mal: él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.
El Señor guarda tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre.
El Salmo 121 es uno de los cánticos graduales (Salmos 120 al 134) y, como los demás, pertenece al camino de los peregrinos. Tiene dos voces. En los versículos 1 y 2 habla el viajero: “Alzaré mis ojos a los montes”. Desde el versículo 3 le responde otra voz, quizá un compañero, un sacerdote o su propia fe, y le habla de tú: “ni se dormirá el que te guarda”.
La primera línea se malinterpreta a menudo, como si el socorro viniera de los montes. En hebreo la segunda mitad es una pregunta: alzo mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? En los montes el camino se volvía más duro y se escondían los peligros, y algunos lectores recuerdan también los santuarios a otros dioses en los lugares altos. La respuesta llega enseguida, y no son los montes: “Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”. En quien se confía es en el que hizo los montes.
Luego el salmo repite una palabra. El verbo hebreo guardar suena seis veces en los últimos seis versículos: Dios no deja que tu pie resbale, guarda a Israel sin dormirse, es tu guardador y tu sombra, te guarda de todo mal y guarda tu salida y tu entrada. El sol y la luna representan los peligros del día y de la noche: la insolación en el camino abierto, el frío y el miedo de la oscuridad. Nada del viaje queda fuera de su cuidado.
Muchos oran el Salmo 121 antes de un vuelo o de un viaje largo por carretera, el día de una mudanza, cuando un hijo se va a estudiar lejos o a servir en el ejército, o al salir de casa por la mañana. Algunas familias lo leen juntas antes de cada viaje. Es una promesa de cuidado, no una garantía de que todo saldrá como lo planeamos: los peregrinos lo cantaban en caminos que sabían peligrosos. Su última línea va más allá de cualquier viaje: “desde ahora y para siempre”.
Señor, alzo mis ojos, y sé de dónde viene mi socorro: de Ti, que hiciste los cielos y la tierra. No dejes que resbale mi pie. Tú no te adormeces ni duermes; guárdame a mí y a los que amo. Sé mi sombra de día y mi guardador de noche. Guárdame de todo mal, y guarda mi alma. Cuida mi salida y mi entrada, desde ahora y para siempre. Amén.
Jehová te bendiga, y te guarde: Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia: Jehová alce a ti su rostro, y ponga en ti paz.
La bendición sacerdotal: el Señor te bendiga, te guarde y te dé paz.
Pues que a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos.
El cuidado de Dios tiene mensajeros: Él manda a Sus ángeles que te guarden en todos tus caminos.
Se ora pidiendo el cuidado de Dios en el camino: antes de un viaje, una mudanza, un destino lejos de casa o el primer día fuera del hogar. Muchos lo oran también por seres queridos que están lejos, y algunos lo dicen cada mañana.
Porque es un canto para el camino. Es uno de los cánticos graduales, también llamados cantos de las subidas, que la tradición relaciona con los peregrinos que subían a Jerusalén, y termina con Jehová que guarda tu salida y tu entrada.
Porque algunas traducciones siguen la numeración de la Septuaginta griega y la Vulgata latina. Unen los Salmos 9 y 10, y más adelante el 114 y el 115, mientras dividen el 116 y el 147, así que la mayoría de los salmos del 10 al 147 llevan un número menos. El texto es el mismo salmo.
No. Los montes son adonde mira el viajero, y el versículo 2 da la respuesta: el socorro viene “de Jehová, que hizo los cielos y la tierra”.
El versículo 8: “Jehová guardará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre”. El 2 es aún más corto: “Mi socorro viene de Jehová”.