La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
La paz que Jesús da no depende de las circunstancias, por eso tu corazón puede descansar.
Los versículos de paz a los que más se acude son Juan 14:27, Filipenses 4:6-7 e Isaías 26:3. La palabra bíblica para la paz, shalom, significa más que tranquilidad: plenitud, bienestar, las cosas en su lugar. Jesús ofrece una paz que no depende de las circunstancias: “mi paz os doy: no como el mundo la da”.
Un versículo para ti
La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
La paz que Jesús da no depende de las circunstancias, por eso tu corazón puede descansar.
RV 1909La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
La paz que Jesús da no depende de las circunstancias, por eso tu corazón puede descansar.
Por nada estéis afanosos; sino sean notorias vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con hacimiento de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepuja todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros entendimientos en Cristo Jesús.
Lleva cada preocupación a Dios en oración, y Su paz guardará tu corazón y tu mente.
Tú le guardarás en completa paz, cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti se ha confiado.
Una promesa para apoyarse, no un examen que aprobar: Dios mismo guarda en paz a quien se apoya en Él.
Y el mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros.
Una bendición: que el mismo Señor de paz te dé paz siempre y en toda manera.
Jehová te bendiga, y te guarde: Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia: Jehová alce a ti su rostro, y ponga en ti paz.
La bendición sacerdotal: el Señor te bendiga, te guarde y te dé paz.
En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me harás estar confiado.
Un versículo para la noche: acuéstate en paz, porque el Señor te hace vivir confiado.
Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.
Jesús no promete una vida sin aflicción. Promete paz en Él, porque Él ha vencido al mundo.
Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo:
Justificados por la fe, tenemos paz con Dios por medio de Jesucristo.
Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos.
Que la paz de Dios gobierne en tu corazón, y sé agradecido.
Jehová dará fortaleza a su pueblo: Jehová bendecirá a su pueblo en paz.
Tras un salmo lleno de truenos y tormenta, su última palabra: Jehová bendice a Su pueblo con paz.
Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz creyendo, para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo.
La oración de Pablo por ti: que el Dios de esperanza te llene de gozo y paz mientras confías en Él, hasta que abundes en esperanza.
Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Jesús llama bienaventurados a los que hacen la paz: serán llamados hijos de Dios.
Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela.
La paz no solo se recibe, también se busca: apártate del mal, haz el bien, busca la paz y síguela.
Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres.
En cuanto dependa de ti, vive en paz con todos.
Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado; y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz.
Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz (9:5 en algunas Biblias católicas).
Estad quietos, y conoced que yo soy Dios: ensalzado he de ser entre las gentes, ensalzado seré en la tierra.
Dicho sobre un mundo en alboroto: deja de luchar y recuerda quién es Dios. No tienes que sostenerlo todo tú.
En el Antiguo Testamento, shalom nombra una vida completa: salud, seguridad, relaciones sanas, lo suficiente. La bendición sacerdotal termina con ella: “Jehová alce a ti su rostro, y ponga en ti paz”. En el Nuevo Testamento, el fundamento es la paz con Dios mismo: “Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Antes de ser un sentimiento, la paz es una relación restaurada.
De ahí nace la paz interior. Isaías 26:3 habla de completa paz para aquel “cuyo pensamiento en ti persevera”, y Filipenses 4:6-7 muestra el camino: lleva cada preocupación a Dios con gratitud, y Su paz, “que sobrepuja todo entendimiento”, guardará tu corazón y tus pensamientos. Jesús dio Su paz la noche antes de Su muerte, a unos amigos a punto de dispersarse. Es paz en medio del problema, no en lugar de él: “En el mundo tendréis aflicción: mas confiad”.
La paz también se construye. “Bienaventurados los pacificadores”, dice Jesús, y Salmos 34:14 nos pide “busca la paz, y síguela”, no solo esperarla. Pablo añade un límite realista: “Si se puede hacer, cuanto está en vosotros, tened paz con todos los hombres”. Hay conflictos que no te toca resolver solo, y la paz nunca significa fingir que el daño está bien.
Si la paz se siente lejos, eso no significa que Dios lo esté. Muchos cristianos la encuentran en prácticas pequeñas y constantes: orar un salmo por la mañana y por la noche, guardar silencio con “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios”, recibir la bendición al final del culto o de la misa. Y si una ansiedad constante o los ataques de pánico te alejan de la paz, habla también con un médico o un psicólogo; es una de las maneras en que Dios la trae.
Señor de paz, dame Tu paz siempre y en toda manera. Gracias porque, por medio de Jesús, tengo paz contigo. Te traigo lo que me inquieta, con gratitud por lo que ya hiciste; guarda mi corazón y mis pensamientos con Tu paz. Que mi pensamiento persevere en Ti, y que esta noche me acueste en paz, porque solo Tú me haces estar confiado. Hazme un pacificador allí donde vivo. Amén.
Juan 14:27 es el más querido: “La paz os dejo, mi paz os doy”. Filipenses 4:6-7 muestra cómo recibir la paz en medio de la ansiedad, e Isaías 26:3 habla de completa paz para la mente que persevera en Dios.
Es una paz que no puedes explicar del todo por tus circunstancias, porque no viene de ellas. Pablo dice que “guardará” tu corazón y tus pensamientos, una palabra que se usaba para los soldados que custodiaban una ciudad (Filipenses 4:7). No promete que todo problema desaparezca, sino que Dios te guarda dentro de él.
Sigue Filipenses 4:6-7: nombra la preocupación, conviértela en petición, da gracias por algo y deja el resultado en manos de Dios, tantas veces como vuelva. Salmos 4:8 es un buen versículo para la noche. Si la ansiedad es constante o viene con ataques de pánico, consulta también a un médico o un psicólogo; buscar ayuda no es falta de confianza. Mira también nuestros versículos para la ansiedad.
Llama bienaventurados a los pacificadores (Mateo 5:9), nos pide ir primero a reconciliarnos (Mateo 5:23-24) y buscar la paz “cuanto está en vosotros” (Romanos 12:18). Esa última frase importa: eres responsable de tu parte, no de forzar la paz con alguien que te está haciendo daño.
Shalom es la palabra hebrea que se traduce como paz. Significa plenitud y bienestar en cada parte de la vida, con Dios, con los demás y en uno mismo, y todavía hoy se usa como saludo. Isaías llama al Mesías que vendría “Príncipe de paz” (Isaías 9:6).