Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas.
Una pregunta cuya respuesta vale más que las piedras preciosas: una mujer de carácter y virtud es un tesoro raro.
Proverbios 31 es el último capítulo del libro de los Proverbios: las palabras que la madre del rey Lemuel le enseñó, seguidas de un poema sobre la mujer virtuosa, la “Mujer fuerte” de la Reina-Valera 1909. Es un retrato de la sabiduría vivida en el trabajo, la bondad y la fe, no una lista de exigencias.
Proverbios 31 · Reina-Valera 1909
1Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.
2¿Qué, hijo mío? ¿y qué, hijo de mi vientre? ¿y qué, hijo de mis deseos?
3No des a las mujeres tu fuerza, ni tus caminos a lo que es para destruir los reyes.
4No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la cerveza.
5No sea que bebiendo olviden la ley, y perviertan el derecho de todos los hijos afligidos.
6Dad la cerveza al desfallecido, y el vino a los de amargo ánimo:
7Beban, y olvídense de su necesidad, y de su miseria no más se acuerden.
8Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte.
9Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso.
10Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas.
11El corazón de su marido está en ella confiado, y no tendrá necesidad de despojo.
12Darále ella bien y no mal, todos los días de su vida.
13Buscó lana y lino, y con voluntad labró de sus manos.
14Fué como navío de mercader: trae su pan de lejos.
15Levantóse aun de noche, y dió comida a su familia, y ración a sus criadas.
16Consideró la heredad, y compróla; y plantó viña del fruto de sus manos.
17Ciñó sus lomos de fortaleza, y esforzó sus brazos.
18Gustó que era buena su granjería: su candela no se apagó de noche.
19Aplicó sus manos al huso, y sus manos tomaron la rueca.
20Alargó su mano al pobre, y extendió sus manos al menesteroso.
21No tendrá temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles.
22Ella se hizo tapices; de lino fino y púrpura es su vestido.
23Conocido es su marido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra.
24Hizo telas, y vendió; y dió cintas al mercader.
25Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá.
26Abrió su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua.
27Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde.
28Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; y su marido también la alabó.
29Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepujaste a todas.
30Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.
31Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.
Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas.
Una pregunta cuya respuesta vale más que las piedras preciosas: una mujer de carácter y virtud es un tesoro raro.
Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá. Abrió su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua.
Fortaleza y honor son su vestido: mira el futuro sin miedo y habla con sabiduría y bondad.
Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada.
La gracia engaña y la belleza pasa; la mujer que teme al Señor es la que merece alabanza.
Abre tu boca por el mudo, en el juicio de todos los hijos de muerte. Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso.
El encargo de una madre a su hijo el rey: habla por quien no puede hablar, y defiende al pobre y al necesitado.
Proverbios 31 tiene dos partes. Los versículos 1 al 9 son las “Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre”: el consejo de una reina madre a su hijo. No gastes tu fuerza en lo que no conviene, no bebas hasta olvidar la justicia y, sobre todo, “Abre tu boca, juzga justicia, y el derecho del pobre y del menesteroso”. De Lemuel no se sabe nada más; la tradición judía a veces lo identificó con Salomón. Es uno de los pocos lugares de la Biblia donde se conserva la enseñanza de una mujer con sus propias palabras.
Los versículos 10 al 31 son un poema en alabanza de la mujer fuerte. En hebreo es un acróstico: cada uno de sus veintidós versículos empieza con la letra siguiente del alfabeto, como un abecedario de una vida bien vivida. Puede continuar la enseñanza de la madre o ser un poema aparte que cierra el libro. La expresión hebrea, eshet jayil, significa mujer de fuerza, de valor, de virtud, y no solo de pureza moral. La Reina-Valera 1909 la traduce “Mujer fuerte”, otras versiones dicen mujer virtuosa, y las mismas palabras describen a Rut, a quien la misma Reina-Valera llama “mujer virtuosa” (Rut 3:11).
La mujer del poema tiene la confianza de su marido. Compra una heredad y planta una viña, comercia, trabaja la lana y el lino, se levanta aun de noche para dar de comer a su familia, y “Alargó su mano al pobre”. “Fortaleza y honor son su vestidura”, y cuando habla, “la ley de clemencia está en su lengua”. El poema termina donde empezó todo el libro, en el temor de Dios: “Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme a Jehová, ésa será alabada”. Proverbios comienza diciendo que el temor de Jehová es el principio de la sabiduría (Proverbios 1:7), y se cierra con la sabiduría retratada en una mujer que la vive.
Es fácil leer el capítulo como una lista que ninguna mujer real podría cumplir, y muchas mujeres se han sentido medidas por él y en falta. El poema no es un manual de tareas. Es una alabanza que se canta sobre una mujer: en muchos hogares judíos el marido se lo canta a su esposa el viernes por la noche, en la cena del Shabat. Leído después de las palabras de la madre en los versículos 1 al 9, es también un consejo a un joven sobre qué valorar en una esposa, y el versículo 30 lo dice con claridad: la gracia pasa, el carácter queda. Lo que honra es la fuerza, la sabiduría, la generosidad y la fe, vividas en la vida que cada mujer tenga, casada o soltera, en casa o en el trabajo. Muchos lectores ven también aquí un retrato de la sabiduría misma, que Proverbios presenta como una mujer desde sus primeros capítulos (Proverbios 8 y 9).
Señor, el temor de Ti es el principio de la sabiduría. Vísteme de fortaleza y honor, y ayúdame a mirar el futuro sin miedo. Abre mi boca con sabiduría, y pon en mi lengua la ley de clemencia. Enséñame a alargar mi mano al pobre y a abrir mi boca por quien no puede hablar. Bendice la obra de mis manos, sea cual sea mi vida, y líbrame de perseguir la gracia y la hermosura que pasan. Que mi vida te alabe. Amén.
Ahora pues, no temas, hija mía: yo haré contigo lo que tú dijeres, pues que toda la puerta de mi pueblo sabe que eres mujer virtuosa.
Booz llama a Rut mujer virtuosa, con las mismas palabras hebreas de Proverbios 31: una mujer de fuerza y de valor.
El versículo 1 lo atribuye al rey Lemuel, que transmite lo que le enseñó su madre. De Lemuel no se sabe nada más; la tradición judía a veces lo identificó con Salomón. El poema de los versículos 10 al 31 puede continuar las palabras de ella o ser un poema aparte.
El poema no nombra a una persona real. Es el retrato de una mujer de fuerza y sabiduría, alabada por su trabajo, su generosidad y su fe, y muchos lo leen también como una imagen de la sabiduría misma.
La expresión hebrea eshet jayil significa mujer de fuerza, de valor o de virtud, y no solo de pureza moral. Por eso la Reina-Valera 1909 dice “Mujer fuerte”. La misma expresión describe a Rut en Rut 3:11.
No. El poema describe a una esposa, pero lo que alaba, la fuerza, la sabiduría, la bondad, el cuidado del pobre y el temor de Dios, es para toda mujer y todo hombre. Es una alabanza, no un examen que haya que aprobar.
El versículo 25: “Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá”, es decir, mira el futuro sin miedo. El más conocido es el 10: “Mujer fuerte, ¿quién la hallará? porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas”.