Adviento viene del latín adventus, venida. En muchas tradiciones abre el año litúrgico: cuatro domingos de espera y preparación antes de la Navidad. Mira hacia dos lados a la vez. Recuerda la larga espera del pueblo de Dios por el Salvador prometido, “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz”, y mira hacia la segunda venida de Cristo, que el Nuevo Testamento llama “aquella esperanza bienaventurada” (Tito 2:13).
Muchas iglesias y familias encienden una corona de Adviento, con una vela más cada domingo. Muchas iglesias protestantes y evangélicas llaman a las cuatro velas esperanza, paz, gozo y amor, aunque el orden y los nombres cambian. En la tradición católica el tercer domingo es el de Gaudete, alegraos, por Filipenses 4:4, “Gozaos en el Señor siempre”, y a menudo se marca con una vela rosa. Muchas iglesias añaden además una vela blanca en el centro, que se enciende en Navidad y representa a Cristo, la luz del mundo.
No todas las iglesias celebran el Adviento. Los cristianos ortodoxos guardan antes de Navidad un ayuno más largo, y algunas iglesias no siguen ningún calendario litúrgico. Pero estos versículos son de todos: la promesa de Isaías de un niño, la voz de Juan el Bautista que llama a preparar el camino del Señor, el gozo de María y la última oración de la Biblia: “Ven, Señor Jesús”.