Clama a mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes.
Dicho a Jeremías en la cárcel: clama a Dios y Él te responderá y te enseñará cosas que no conoces.
Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.
Puedes acercarte a Dios con confianza, no con miedo, y hallar misericordia y ayuda cuando la necesitas.
RV 190913Y no hay cosa criada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. 14Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.
Una carta a creyentes tentados a rendirse, que muestra a Jesús como superior a todo lo anterior.
Clama a mí, y te responderé, y te enseñaré cosas grandes y dificultosas que tú no sabes.
Dicho a Jeremías en la cárcel: clama a Dios y Él te responderá y te enseñará cosas que no conoces.
Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón: Dios es nuestro amparo. (Selah.)
Confía en Él en todo tiempo y derrama ante Él tu corazón: Dios es nuestro amparo.
Vosotros pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Danos hoy nuestro pan cotidiano. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.
El Padre Nuestro tal como lo enseñó Jesús. Las palabras finales de alabanza están en la Reina-Valera, pero no en los manuscritos más antiguos, y las Biblias católicas terminan en líbranos del mal.
Y asimismo también el Espíritu ayuda nuestra flaqueza: porque qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos; sino que el mismo Espíritu pide por nosotros con gemidos indecibles.
Cuando no sabes qué pedir, el Espíritu ora por ti, con gemidos que no caben en palabras.