Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados.
David habla del alivio de ser perdonado: bienaventurado aquel cuyo pecado es borrado.
Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.
Desde la cruz, Jesús ora por quienes lo están crucificando.
RV 190931Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? 32Y llevaban también con él otros dos, malhechores, a ser muertos. 33Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha, y otro a la izquierda. 34Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. 35Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese a sí, si éste es el Mesías, el escogido de Dios. 36Escarnecían de él también los soldados, llegándose y presentándole vinagre, 37Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate a ti mismo.
Un relato cuidadoso de la vida de Jesús, atribuido tradicionalmente a Lucas, el médico, con la historia más completa de Su nacimiento.
Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados.
David habla del alivio de ser perdonado: bienaventurado aquel cuyo pecado es borrado.
Sufriéndoos los unos a los otros, y perdonándoos los unos a los otros si alguno tuviere queja del otro: de la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
Pablo a una iglesia: sopórtense las faltas y perdónense, como Cristo los perdonó. Perdonar no es lo mismo que aceptar el daño.
Y levantándose, vino a su padre. Y como aun estuviese lejos, violo su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.
En la parábola de Jesús, el padre ve a su hijo de lejos y corre a abrazarlo. Así recibe Dios a quien vuelve.
¿Qué Dios como tú, que perdonas la maldad, y olvidas el pecado del resto de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque es amador de misericordia.
No hay Dios como Él: perdona, no guarda Su enojo para siempre y ama la misericordia.