En mi primera defensa ninguno me ayudó, antes me desampararon todos: no les sea imputado. Mas el Señor me ayudó, y me esforzó para que por mí fuese cumplida la predicación, y todos los Gentiles oyesen; y fui librado de la boca del león.
Todos abandonaron a Pablo en su defensa, pero el Señor estuvo a su lado y lo fortaleció.