Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra;
Amenazados por las autoridades, los primeros creyentes no pidieron seguridad, sino valor para hablar.
He aquí nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado.
Nuestro Dios puede librarnos, dijeron los tres amigos de Daniel, y aunque no lo haga, no nos postraremos.
RV 190914Habló Nabucodonosor, y díjoles: ¿Es verdad Sadrach, Mesach, y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? 15Ahora pues, ¿estáis prestos para que en oyendo el son de la bocina, del pífano, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña, y de todo instrumento músico, os postréis, y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo: ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? 16Sadrach, Mesach, y Abed-nego respondieron y dijeron al rey Nabucodonosor: No cuidamos de responderte sobre este negocio. 17He aquí nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. 18Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado. 19Entonces Nabucodonosor fue lleno de ira, y demudóse la figura de su rostro sobre Sadrach, Mesach, y Abed-nego: así habló, y ordenó que el horno se encendiese siete veces tanto de lo que cada vez solía. 20Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrach, Mesach, y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. 21Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, y sus calzas, y sus turbantes, y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo.
Daniel y sus amigos se mantienen fieles a Dios como exiliados en la corte de Babilonia, seguido de visiones del reino de Dios.
Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da a tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra;
Amenazados por las autoridades, los primeros creyentes no pidieron seguridad, sino valor para hablar.
Porque si absolutamente callares en este tiempo, respiro y libertación tendrán los Judíos de otra parte; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora te han hecho llegar al reino?
El desafío de Mardoqueo a Ester: quizá estás donde estás precisamente para esta hora.
Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos.
El encargo final de Pablo a una iglesia: velad, estad firmes en la fe, sed valientes y fuertes.
Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.
Pablo a un joven pastor temeroso: el Espíritu que Dios da no es de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza. Sentir miedo no es fracasar, y no estás solo en él.