He aquí nuestro Dios a quien honramos, puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que tu dios no adoraremos, ni tampoco honraremos la estatua que has levantado.
Nuestro Dios puede librarnos, dijeron los tres amigos de Daniel, y aunque no lo haga, no nos postraremos.