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Proverbios 30:8-9

Proverbios 30:8-9
Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan que he menester; No sea que me harte, y te niegue, y diga, ¿Quién es Jehová? o no sea que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios.

Una oración por lo suficiente: ni pobreza ni riquezas, porque las dos pueden alejar el corazón de Dios.

RV 1909

Proverbios 30:8-9 en contexto

5Toda palabra de Dios es limpia; es escudo a los que en él esperan. 6No añadas a sus palabras, porque no te reprenda, y seas hallado mentiroso. 7Dos cosas te he demandado; no me las niegues antes que muera. 8Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; manténme del pan que he menester; 9No sea que me harte, y te niegue, y diga, ¿Quién es Jehová? o no sea que siendo pobre, hurte, y blasfeme el nombre de mi Dios. 10No acuses al siervo ante su señor, porque no te maldiga, y peques. 11Hay generación que maldice a su padre, y a su madre no bendice. 12Hay generación limpia en su opinión, si bien no se ha limpiado su inmundicia.

Dichos breves de sabiduría práctica para la vida diaria, muchos atribuidos a Salomón.

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Versículos relacionados

1 Timoteo 6:10
Porque el amor del dinero es la raíz de todos los males: el cual codiciando algunos, se descaminaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.

No el dinero, sino el amor al dinero es la raíz de la que advierte Pablo: desearlo a toda costa trae mucho dolor.

2 Corintios 9:7
Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, o por necesidad; porque Dios ama el dador alegre.

Da lo que decidiste en tu corazón, con libertad y alegría, no bajo presión.

Mateo 6:24
Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir a Dios y a Mammón.

El dinero es buen siervo y mal señor; no puedes dar todo tu corazón a Dios y a él a la vez.

Mateo 6:33
Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Busca primero el reino de Dios. Tu Padre sabe lo que necesitas, y puedes confiárselo.