Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.
Puedes entregar tus preocupaciones. A Dios le importas personalmente.
Tenías los párpados de mis ojos: estaba yo quebrantado, y no hablaba.
Una oración honesta para las noches sin sueño: aun aquí, el salmista sigue hablando con Dios.
RV 19091Con mi voz clamé a Dios, a Dios clamé, y él me escuchará. 2Al Señor busqué en el día de mi angustia: mi mal corría de noche, y no cesaba: mi alma rehusaba consuelo. 3Acordábame de Dios, y gritaba: quejábame, y desmayaba mi espíritu. (Selah.) 4Tenías los párpados de mis ojos: estaba yo quebrantado, y no hablaba. 5Consideraba los días desde el principio, los años de los siglos. 6Acordábame de mis canciones de noche; meditaba con mi corazón, y mi espíritu inquiría. 7¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más a amar?
El libro de oración de Israel: cantos de confianza, lamento, gratitud y alabanza, muchos de David.
Echando toda vuestra solicitud en él, porque él tiene cuidado de vosotros.
Puedes entregar tus preocupaciones. A Dios le importas personalmente.
Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, increpó al viento, y dijo a la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fue hecha grande bonanza.
Jesús dormía en medio de la tormenta, y cuando lo despertaron, calmó el viento y el mar.