Toda amargura, y enojo, e ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.
La amargura, el enojo y las palabras duras se dejan, y en su lugar entran la bondad, la ternura y el perdón.