Mejor es el que tarde se aira que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.
Dominar tu propio espíritu requiere más fuerza que tomar una ciudad.
Temblad, y no pequéis: conversad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y desistid. (Selah.)
Aunque estés alterado, no peques: habla con tu corazón en tu cama, y calla.
RV 19091Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia: estando en angustia, tú me hiciste ensanchar: ten misericordia de mí, y oye mi oración. 2Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? (Selah.) 3Sabed pues, que Jehová hizo apartar al pío para sí: Jehová oirá cuando yo a él clamare. 4Temblad, y no pequéis: conversad en vuestro corazón sobre vuestra cama, y desistid. (Selah.) 5Ofreced sacrificios de justicia, y confiad en Jehová. 6Muchos dicen: ¿Quién nos mostrará el bien? Alza sobre nosotros, oh Jehová, la luz de tu rostro. 7Tú diste alegría en mi corazón, más que tienen ellos en el tiempo que se multiplicó su grano y su mosto.
El libro de oración de Israel: cantos de confianza, lamento, gratitud y alabanza, muchos de David.
Mejor es el que tarde se aira que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.
Dominar tu propio espíritu requiere más fuerza que tomar una ciudad.
El que tarde se aira, es grande de entendimiento: mas el corto de espíritu engrandece el desatino.
Tardar en enojarse es señal de verdadero entendimiento; enojarse enseguida deja a la vista la necedad.
Y mirándolos alrededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fue restituída sana.
Jesús se enojó, dolido por corazones endurecidos, y Su enojo lo movió a sanar, no a dañar.
Toda amargura, y enojo, e ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos a los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.
La amargura, el enojo y las palabras duras se dejan, y en su lugar entran la bondad, la ternura y el perdón.